Mis Fracasos Como Madre del 2017

Para mi, el año 2017 siempre será un año que me provocara buenos y malos sentimientos. Fue un año con momentos muy felices, pero también, como madre pase unos momentos muy pésimos. Yo estaba fallando como madre, y eso no es fácil de admitir. Lo peor de todo, es que ni me había dado cuenta de lo que estaba haciendo, pero afortunadamente, Dios con su gracia me enseñó mis errores antes que le hiciera mas daño a mi hija.

Al principio del año, mi esposo y yo habíamos compartido con nuestro grupo de la iglesia quel comportamiento de nuestra hija estaba deteriorandose. Ella actuaba como si tenía derecho a cada uno de sus caprichos y le faltaba compasión hacia su papá, su hermana, y hacia mi. Mas preocupante, ella había hecho varia cosas detrás de nuestras espaldas, incluyendo pegarle a una amiguita de ella. Cuando la tratábamos de corregir, su actitud era desafiante y se estaba ella alejándose más y más de mi.

Era difícil aceptar que mi hija inteligente, feliz, y curiosa se estaba volviendo en una persona que no reflejaba el corazón de Cristo (y alguien que realmente no me caía bien). Mi esposo y yo podríamos haberla ignorado y convencernos que esto era una fase normal para una niña entrando a la adolescencia, pero eso hubiera sido un error muy grande. Sabíamos que teníamos que hacer cambios y por eso planeamos un viaje de misión a Laredo, TX durante su descanso del verano. Nuestra esperanza era que viendo la pobreza que se encuentra en esta parte del  mundo, my hija se daría cuenta de lo bendecida que era y eso la ayudaría a cambiar su forma de ver las cosas.

Yo siento que el viaje sí ayudó bastante y mis dos hijas aprendieron muchísimo, pero también ayudó en una forma muy inesperada porque este viaje me ayudó a mi. Durante uno de los servicios de la iglesia, my hija que en esas fechas tenía 10 años, estaba sentada detrás de mi, con su brazos cruzados, sin deseo de participar en el servicio. Esta es una iglesia pequeña y si actitud era notable por todos. Estaba yo furiosa porque me estaba poniendo a mi en vergüenza y a mi papá, que es el pastor. La mire fijamente, y después en el oído le dije palabras que ni me recuerdo, pero se que eran palabras de amenaza y condenación. Ella me miro de regreso con odio y sin arrepentimiento. Sentí un vacío en mi corazón y en ese momento el Señor me hizo sentir que yo estaba mal. En ese momento, durante ese servicio, yo estaba mas preocupada de lo que diría la demás gente de en ves del lo que estaba sufriendo mi hija en su corazón.

Durante las próximas semanas, yo oí una predica que ayudo a confirmar lo que el Señor me había eseñando durante ese servicio. También, tuve la oportunidad de pasar tiempo con un niño admirable y con su mama y aprendí mucho de ellos. Esas experiencias me enseñaron que yo estaba criando a mi hija de un lugar de condenación. La estaba yo haciendo sentirse como si ella nunca podia hacer nada bien, y que nunca podría ser la persona que yo quería. Su reacción natural era sentirse sola y que no la quería, y esos sentimientos la llevaron a un lugar de rebeldía y alejamiento. Entonces yo hice la decision que tenía que parar de gritarle, de mirarla mal, de decirle palabras que le dolerían sin poco fruto. Al contrario, tendría que buscar formas de restaurar su corazón. Yo tendría que trabajar en mi y trabajar en la forma que yo relacionaba con mi hija. Hiba que tener que aplicar el versículo de Colosenses 3:21

“Padres, no exaspereis a vuestros hijos, para que no se desalienten.”

Eso no quiere decir que cambie mis reglas ni que quité las consecuencias de mal comportamiento. Todavía tengo ciertas expectativas y ella todavía tiene sus quehaceres que tiene que cumplir. La diferencia es que cuando ella se porta mal, yo he cambiado la forma en que doy el castigo. Trato de asumir menos y le hago mas preguntas de las razones porque ella se comporto así. Y si determino que tengo que darle un castigo, trato lo mejor posible de hablarle calmadamente, con respeto y explicarle porque el castigo es necesario. Estoy tratando de evitar decirle cosas como, “No puedo creer que hiciste esos,” o “Estoy decepcionada contigo.” En ves trato de decir cosas como, “Cometiste un error. Eso le pasa a todos. Todos haceos errores, porque si no, Cristo nunca hubiera tenido que venir a salvarlos.”

También he cambiado mi forma de pensar. De en ves de esperar perfección de mi hija, yo entiendo que va cometer errores. My hija es una niña y yo sería una hipócrita si esperara yo mas de ella de lo que Dios espera de mi. No me debo de sorprender si mi hija a veces escoge mal. Al contrario, debo de usar y ver esos momentos como oportunidades de enseñarle y instruirla. Cambiando mi forma de pensar me ha ayudado reaccionar mejor cuando mi hija se porta mal. Hay menos posibilidades que la condene y mas posibilidades que yo le enseñe cuanto la amo.

Esta nueva forma de criar a mi hija no es natural para mi. Yo soy la clase de persona que es fácilmente irritada, temperamental, y los que me conocen bien saben que yo puedo ser una persona difícil. Yo tengo que pelear contra estas actitudes mías y ser una persona mas calmada. Lo que me motiva hacerlo es saber que solo tengo siete años mas con mi hija antes que se vaya a la universidad. Este es el chance que Dios me ha dad para instruir a mi hija y prepararla para la vida de adultos. Si estoy dispuesta a pelear contra cual quier persona que le haría daño a mi hija, entonces también tengo que estar dispuesta de pelear contra mis malas características que le estén haciendo daño a ella.

Ahora que estoy tratando de entender su corazón de en ves de solo buscar el buen comportamiento, me he dado cuenta que yo estaba siega a sus necesidades emocionales.  Una de ellas, es que yo la estaba ignorando sin querer hacerlo. Ella es una niña sumamente inteligente e independiente, y por eso yo creía que no me necesitaba y que ella quería estar sola. Yo no la buscaba porque ella no me buscaba a mi. Yo asumia que no me necesitaba tanto como su hermanita de cinco años. Pero en la mente de mi hija mayor, ella interpretaba mis acciones como si yo no lo quería tanto como quería a su hermana. Me duele mucho escribir estas palabras sabiendo que yo era responsable por haberla hecho sentirse así, pero no es posible cambiar al menos que uno este dispuesto a reconocer sus propios errores. Ahora, la busco y trato de servirla en formas que la hayan a ella sentirle especial sin quitarle su independencia.

Ya han pasado cinco meses y el cambio que he notado en mi hija es increíble. Ella es mas cariñosa, mas obediente, y es mas fácil para ella comportarse bien. Cuando la interrumpo mientras esta haciendo algo que le guste, ahora yo oigo las palabras, “Sí mami” de en ves de que me conteste mal. Aunque todavía hay momentos que ella demuestra mal comportamiento, es mas infrecuente. Lo que me agrada mas, es que ahora miro que tiene mas compasión por su hermanita y el resto de la familia. Ella todavía es una niña y todavía pelea con su hermana de ves en cuando y todavía hace cosas que no están bien, pero eso ahora es abnormal de en ves de ser normal. Estoy viendo un cambio en su corazón y eso me llena a mi de gozo.

El 2017 siempre sera el año que Dios me empujo a cambiar la forma de crear a mi hija. Fue el año que aprendí que para ayudar a mi hija a ser alguien que refleje el corazón de Cristo, primero tenía yo que pedirle al Señor que me ayudara a mí a cambiar. Si queremos ser buenos padres, también tenemos que estar dispuestos a dejar que Dios nos guíe, corrija, y nos transforme. Somos criaturas imperfectas creando a criaturas imperfectas, pero si dejamos que el Espirito no enseñe, lo podremos hacer de una forma que le agrade a Dios. Bendiciones.

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